Si pudieras sumar en minutos, días, meses y años todos los momentos felices que has tenido en tu vida, ¿cuál sería el total?

¿Un mes, un año, dos años? Difícil a que sí?

Aún más difícil porque nosotros humanos solemos quedarnos más en la memoria de las desgracias y de los sufrimientos que en los gozos, casi como si fuera pecado glorificar los momentos felices.

Somos bichos raros.

Bueno, se da el caso que después de haber leído este cuento de Jorge Bucay he intentado sumar (de forma aproximativa) todo lo que he disfrutado hasta ahora y afortunadamente salgo bastante bien con el total.

Pero la verdadera reflexión que he sacado de este cuento es que pasamos demasiado tiempo de nuestra vida preocupados por problemas fútiles y superficiales, malgastando el tiempo en intentar resolverlos y perdiendo minutos, horas, días y años en vano.

¿Qué tal disfrutar más de lo que tenemos cada instante?

Celebrar la vida, agradecer cada minuto, amar, sonreír y confiar en el orden del Universo que diseña a la perfección nuestro camino.

Ahora disfruta de este cuento de Jorge Bucay así puedes añadir algunos minutos más de felicidad a tu vida.

«El buscador» de Jorge Bucay

Esta es la historia de un hombre al que yo definiría como un buscador…

Un buscador es alguien que busca, no necesariamente alguien que encuentra.

Tampoco es alguien que, necesariamente, sabe qué es lo que está buscando, es simplemente alguien para quien su vida es una búsqueda.

Un día, el buscador sintió que debía ir hacia la ciudad de Kammir. El había aprendido a hacer caso riguroso a estas sensaciones que venían de un lugar desconocido de sí mismo, así dejó todo y partió.

Después de dos días de marcha por los polvorientos caminos divisó, a lo lejos, Kammir. Un poco antes de llegar al pueblo, una colina a la derecha del sendero le llamó mucho la atención. Estaba tapizada de un verde maravilloso y había un montón de árboles, pájaros y flores encantadoras; la rodeaba por completo una especie de valla pequeña de madera lustrada.

… Una portezuela de bronce invitaba a entrar.

De pronto, sintió que olvidaba el pueblo y sucumbió ante la tentación de descansar por un momento en ese lugar.

El buscador traspasó el portal y empezó a caminar lentamente entre las piedras blancas que estaban distribuidas como al azar, entre los árboles.

Dejó que sus ojos se posaran como mariposas en cada detalle de este paraíso multicolor.

Sus ojos eran los de un buscador, y quizás por eso descubrió, sobre una de las piedras, aquella inscripción:

Abdul Tareg, vivió 8 años, 6 meses, 2 semanas y 3 días.

Se sobrecogió un poco al darse cuenta de que esa piedra no era simplemente una piedra, era una lápida. Sintió pena al pensar que un niño de tan corta edad estaba enterrado en ese lugar.

Mirando a su alrededor el hombre se dio cuenta de que la piedra de al lado también tenía una inscripción. Se acercó a leerla, decía:

Yamir Kalib, vivió 5 años, 8 meses y 3 semanas.

El buscador se sintió terriblemente conmocionado.

Este hermoso lugar era un cementerio y cada piedra, una tumba.

Una por una, empezó a leer las lápidas.

Todas tenían inscripciones similares, un nombre y el tiempo de vida exacto del muerto.

Pero lo que lo conectó con el espanto, fue comprobar que el que más tiempo había vivido sobrepasaba apenas los 11 años…

Embargado por un dolor terrible se sentó y se puso a llorar.

El cuidador del cementerio, pasaba por ahí y se acercó.

Lo miró llorar por un rato en silencio y luego le preguntó si lloraba por algún familiar.

– No, ningún familiar – dijo el buscador – ¿qué pasa con este pueblo?, ¿qué cosa tan terrible hay en esta ciudad?. ¿por qué tantos niños muertos enterrados en este lugar?, ¿cuál es la horrible maldición que pesa sobre esta gente, que los ha obligado a construir un cementerio de chicos?.

El anciano se sonrió y dijo:

– Puede Ud. serenarse. No hay tal maldición. Lo que pasa es que aquí tenemos una vieja costumbre. Le contaré…

Cuando un joven cumple 15 años sus padres le regalan una libreta, como ésta que tengo aquí, colgado al cuello.

Y es tradición entre nosotros que a partir de allí,, cada vez que uno disfruta intensamente de algo, abra la libreta y anota en ella:

a la izquierda, qué fue lo disfrutado…

a la derecha, cuánto tiempo duró el gozo.

Conoció a su novia, y se enamoró de ella. ¿Cuánto tiempo duró esa pasión enorme y el placer de conocerla?, ¿una semana?, ¿dos?, ¿tres semanas y media? …

Y después … la emoción del primer beso, el placer maravilloso del primer beso, ¿cuánto duró?, ¿el minuto y medio del beso?, ¿dos días?, ¿una semana? …

  • ¿Y el embarazo o el nacimiento de su primer hijo … ?
  • ¿Y el casamiento de los amigos … ?
  • ¿Y el viaje más deseado … ?
  • ¿Y el encuentro con el hermano que vuelve de un país lejano … ?
  • ¿Cuánto tiempo duró el disfrutar de estas situaciones?…. ¿horas?, ¿días? …

Así vamos anotando en la libreta cada momento que disfrutamos…. cada momento.

Cuando alguien muere, es nuestra costumbre, abrir su libreta y sumar el tiempo de los disfrutado, para escribirlo sobre su tumba, porque ESE es, para nosotros, el único y verdadero tiempo VIVIDO .


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El buscador y el cementerio de la felicidad
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En la breve obra Dokkōdō, «El camino de la soledad» o «El camino que se debe seguir solo», el legendario samurái y artista Miyamoto Musashi deja 21 preceptos sobre autodisciplina para guiar a las generaciones futuras.

Miyamoto Musashi fue un héroe destacado en la historia del Japón, maestro de la espada, valiente guerrero e estratega, autor de el Libro de los Cinco Anillos, una obra donde la filosofía y su experiencia en combatir se funden, y de Dokkodo, el libro de lo que hablo en este post.

Llegué a conocer por casualidad a este duelista y fue un descubrimiento interesante. Desde entonces he estado investigando, leyendo y aprendiendo más sobre la infancia y la vida de este maestro de artes marciales, el guerrero invencible que derrotó a más de 60 enemigos.

Aquí comparto las 21 lecciones de un pequeño documento, Dokkodo, escrito por Miyamoto una semana antes de su muerte en 1645, cuando repartía sus posesiones para prepararse a dejar este mundo. En aquel entonces Miyamoto Musashi llevaba un estilo de vida asceta, casi estoica, cosa que se ve reflejada en estas reglas y uno de los motivos por lo que comparto estos preceptos en el blog.

Estas reglas de vida del Dokkodo son consejos sobre como llevar una vida de virtud, preceptos sobre autodisciplina, bondad de animo, autoconsciencia, habilidades. y autoconocimiento.

Los 21 preceptos del Dokkodo

  1. Acepta todo exactamente de la manera que es.
    Nunca actúes contrariamente a la moral tradicional. No vayas en contra de la Vía inmutable a través de los tiempos.
  2. No busques el placer hedonista.
    Evita buscar los placeres del cuerpo. Nunca intentes aprovechar ningún momento de facilidad.
  3. Bajo ninguna circunstancia, dependas de un sentimiento parcial.
    No tengas parcialidad por nadie ni por nada. Se imparcial en todo. No te dejes arrastrar por la avidez en toda la vida.
  4. Piensa ligeramente en ti y profundamente en el mundo.
    Piensa poco en ti mismo, pero mucho en la colectividad. No te preocupes por asuntos egoístas.
  5. Mantente separado del deseo a lo largo de toda tu vida.
    Permanece libre de codicia a través de la vida. No estés celoso jamás de los demás, ni en bien ni en mal.
  6. No te arrepientas de lo que has hecho.
    Nunca lamentes lo que has hecho. No tengas rencor o animosidad hacia ti o hacia los demás.
  7. Nunca seas celoso.
    De ningún modo envidies a otros por su buena suerte, o te quejes de la tuya si es mala.
  8. Nunca te entristezcas por una separación.
    Nunca te aflijas por la separación de alguien o de algo, en ningún momento. No estés triste por ningún tipo de separación.
  9. El resentimiento y las quejas no son adecuadas ni hacia ti mismo ni hacia otros.
    Nunca te reproches nada o a otros, nunca te quejes sobre ti o sobre los demás.
  10. Nunca permitas que te guíe la lujuria o el amor.
    Nunca sueñes en sucumbir bajo el enamoramiento (o apasionamiento) por una mujer. No te conviertas jamás en un cobarde por culpa del cuerpo.
  11. No tengas preferencias por ninguna cosa.
    No tengas gustos ni aversiones. No busques jamás el bienestar personal.
  12. Se indiferente respecto a donde vives.
    Sea como fuere el lugar donde vives, jamás tengas ninguna objeción en su contra.
  13. No persigas el probar buena comida.
    Nunca desees comida refinada para ti. No busques los platos más refinados para contentar el cuerpo.
  14. No te aferres a posesiones que ya no necesites.
    Nunca tengas objetos antiguos ni curiosos bajo tu posesión. No te rodees de ninguna cosa de gran valor material en toda la vida.
  15. No actúes siguiendo costumbres o creencias.
    Jamás realices purificaciones o abstinencias supersticiosas para protegerte contra las malas influencias.
  16. No colecciones armas o practiques con ellas más allá de lo útil.
    No tengas gusto por utensilios de ninguna clase, exceptuando espadas y otras armas. No seas tentado por ningún objeto a pesar de las armas.
  17. No temas a la muerte. Jamás te arrepientas de tu vida encausada hacia la rectitud.
    Conságrate enteramente a la Vía sin temor, hasta la muerte. Aunque el cuerpo sea viejo, no tengas deseos de la muerte.
  18. No busques poseer bienes o propiedades en tu vejez.
    En absoluto desees tener ninguna posesión que te otorgue comodidad en tu vejez.
  19. Respeta a Buda y a los dioses sin contar con su ayuda.
    Venera a Dioses y Santos, pero nunca pienses depender de ellos.
  20. Puedes abandonar tu cuerpo pero debes perseverar en el honor.
    Más bien debes preferir dar tu vida que deshonrar tu buen nombre. La espada no se desenvaina a la ligera.
  21. Nunca te apartes del Camino.
    No abandones nunca la Vía de la táctica. Nunca, ni por un momento, ni en cuerpo ni alma, me apartaré de la Vía del Sable.

A pesar de que hayan pasado siglos, esto preceptos del Dokkodo son de una actualidad bárbara y no podría ser de otra forma. La sabiduría, la virtud y la maestría personal nunca pasan de moda.

Gracias Miyamoto Musashi por esta lección de vida.


Foto: Krys Amon

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Es una de estas mañanas de invierno en la que suena el despertador y el único pensamiento que tienes es que el nórdico no te deje salir de la cama y te tenga todo el día como rehenes.

Tienes sueño, frío, te falta motivación y solo en pensar de tener que ir a trabajar te entran ganas de vomitar.
Te faltan energías y ya sabes que la jornada va a ser muy dura. Te sientes frustrada y con un nudo en la garganta. Un mal día sin duda.

Cuando por fin consigues levantarte, ir al cuarto de baño y vestirte, ya te has ahogado en miles de pensamientos negativos. Miras fueras de la ventana y sorpresa, encima está lloviendo y el cielo es más gris que tu estado de animo.

¡Alegría! (En sentido irónico por supuesto)

Aunque parezca imposible, hay un modo de revertir la situación. Ya sé lo que estás pensando «Vaya, ahora esta tía me va a decir que tengo que hacer ejercicio y yo ¡odio hacer ejercicio!». Bueno, sí y no. Hay también alternativas que te voy a elencar, la cuestión es que si quieres cambiar tu estado mental tienes que cambiar como te sientes fisicamente.

La vía más rápida para sentirte de manera diferente es cambiar tu cuerpo

La cosa más fácil y rápida que puedes hacer es cambiar tu postura corporal:

  • espalda recta, pecho fuera, cabeza alta
    Una posición erguida de hará sentir más segura de ti misma.
  • arréglate, maquíllate y estampa tu sonrisa
    (Los hombres pueden saltar los primeros dos y pasara directamente a la sonrisa). Una expresión facial alegre te hará sentir mejor y una sonrisa siempre es contagiosa.

Si tienes un poquito de tiempo, 5-10 minutos son suficientes para probar esto:

  • una ducha fría
    Si te atreves el resultado es garantizado. Es un pequeño shock para el cuerpo que te hará sentir como una leona.
  • meditación y respiración
    5 minutos son suficientes: concéntrate en tu respiración y libera la mente.
    Puedes probar estas apps y estos videos en YouTube si no sabes por donde empezar: Yoga tools from SadhguruDeepak Chopra Meditación Guiada 21 días (mi preferida)
  • stretching o yoga o cualquier otro ejercicio
  • un paseo al aire libre en la naturaleza

Pequeños pasos para ser más feliz

La próxima vez que te sientes frustrada, ansiosa, triste, molesta o simplemente apagada, en lugar de caer en el victimismo o en la depresión, intenta mejorar primero tu bienestar físico. Te sorprenderá ver los resultados.

A menudo la cabeza crea imágenes mentales más grandes de lo que son en realidad. El truco está en romper el circulo vicioso de los pensamientos con algo totalmente diferente en el plano físico.

Luego cuéntame como te ha ido y cual de las soluciones elencadas te ha dado mejor resultado.

¡Buena vida!

Ale

Foto: Jaleel Akbash


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Para cambiar tu mente, cambia tu cuerpo
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